(...)For all eternity
And every day he runs by screaming
Everything you know is wrong
Love is hate, heal is hurt and none is all
And everything you used to think was so important
Doesn't really matter anymore
Because the simple fact remains that
Everything you know is wrong
Just forget the words and breathe along
All you need to understand is
Everything you know is wrong
Everything you know is wrong.
jueves
martes
Ice grew colder, embracing me, taking me to a state in which I had found myself several times before.
A state I despised, a state of survival, a state of tears, shades, shadows.
Yet it was much better, and that I knew well, than the despair in which otherwise I'd stay.
Having given so many chances to so many, I wondered why not give another chance to the cold white sin.
No one can save you now, from this heaven safe and sound.
Just hold your breath on your way down.
A state I despised, a state of survival, a state of tears, shades, shadows.
Yet it was much better, and that I knew well, than the despair in which otherwise I'd stay.
Having given so many chances to so many, I wondered why not give another chance to the cold white sin.
No one can save you now, from this heaven safe and sound.
Just hold your breath on your way down.
Dejé de escribir, un poco
un poco porque me da miedo romper
con nuestra realidad,
antes de volverme
asesina de palabras,
actriz de tu verdad.
Dejé de contar, de a poco
lo que pasó acá adentro
desde que llegaste.
Al principio era todo;
eras el cambio, eras alegría
eras lágrimas, vida.
Y ahora, otra vez
silencio.
Otra vez si..., (sí, erro).
Me quedo con la cabeza pegada
a la ventanilla del vidrio
y leo poemas que van.
Porque es más fácil.
Porque qué sé yo.
¿Qué sé, yo?
Abandoné, como siempre
aunque por motivos distintos,
y ahora escribo sobre el abandono.
Condené delirios-
es más difícil pintar la realidad
(que no tenemos).
Encontremos, sino
palabras que digan lo contrario.
Dejemos de joder, con esto del amor.
un poco porque me da miedo romper
con nuestra realidad,
antes de volverme
asesina de palabras,
actriz de tu verdad.
Dejé de contar, de a poco
lo que pasó acá adentro
desde que llegaste.
Al principio era todo;
eras el cambio, eras alegría
eras lágrimas, vida.
Y ahora, otra vez
silencio.
Otra vez si..., (sí, erro).
Me quedo con la cabeza pegada
a la ventanilla del vidrio
y leo poemas que van.
Porque es más fácil.
Porque qué sé yo.
¿Qué sé, yo?
Abandoné, como siempre
aunque por motivos distintos,
y ahora escribo sobre el abandono.
Condené delirios-
es más difícil pintar la realidad
(que no tenemos).
Encontremos, sino
palabras que digan lo contrario.
Dejemos de joder, con esto del amor.
domingo
Porque si la abrazo
mis brazos fueron tuyos
y cuando la beso
acá estuvo tu boca.
Porque si sonríe
tuya fue su risa
porque ella llora
desde que te vas.
En sus fotos falta
tu figura eterna
en tus ojos falta
el brillo por ella.
Si sus labios dejan
de decirte 'amor'
soy yo la que llora,
(llora por los dos).
Porque nunca fueron
porque ya no son,
Vacío en su cama,
ama sin amor.
Porque tuya y suyo,
aunque ya no corresponda,
tu boca en mi boca,
yo te quiero, amor.
Sus besos te quedan
mejor que mis besos.
Y yo me disfrazo de ella
por vos.
mis brazos fueron tuyos
y cuando la beso
acá estuvo tu boca.
Porque si sonríe
tuya fue su risa
porque ella llora
desde que te vas.
En sus fotos falta
tu figura eterna
en tus ojos falta
el brillo por ella.
Si sus labios dejan
de decirte 'amor'
soy yo la que llora,
(llora por los dos).
Porque nunca fueron
porque ya no son,
Vacío en su cama,
ama sin amor.
Porque tuya y suyo,
aunque ya no corresponda,
tu boca en mi boca,
yo te quiero, amor.
Sus besos te quedan
mejor que mis besos.
Y yo me disfrazo de ella
por vos.
martes
Tetas. Y manos, y bocas, pedazos de piel, más áspera, más suave, más dulce, amarga, partes del cuerpo que se conjugaban, te formaban, me formaban, nos deformaban. Más, menos ropa, más, menos besos, besos más o menos, lenguas, saliva, seco, mojado, húmedo, frío, calor, transpiración, sábanas o perder las sábanas, el sonido de la hebilla del cinturón contra el suelo, el sonido de los besos (concentrarse en que son besos para no reirse del sonido de los besos), piel y lengua, piel y labios, piel y manos, piel y abrí la boca y no cerrés los ojos, encontrar un ritmo, quiero romper ese ritmo, nariz, mentón, hombro cuello clavícula pecho, médanos (tetas de nuevo), estoy gorda seguí bajando (dulce), piernas, pelos o no pelos, pies, con o sin medias, con una sola media, las medias enredadas con la bombacha, tocar, mirar, sentir, gustar (y ser gustado-degustado) probar, besar, oler, oír, grande, demasiado grande (no siempre), entrar, salir, salirentrarsalirentrarsalir, ¿y la sábana? con o sin luz, a veces sin sábanas o incluso sin cama, respiración (cierto, la respiración) acelerada, calma, rítmica, quiero romper ese ritmo, con o sin voz, espero que con vos, tu voz, mi vos, mío tuyo nuestro tuya mía, ah...
Ah, y amor. (Cierto, el amor.)
Todo lo demás tan simple.
Because the world is round it turns me on
because the world is round...
Because the wind is high it blows my mind
because the wind is high...
Love is all, love is new,
love is all, love is you.
Because the sky is blue, it makes me cry
because the sky is blue...
Ah, y amor. (Cierto, el amor.)
Todo lo demás tan simple.
Because the world is round it turns me on
because the world is round...
Because the wind is high it blows my mind
because the wind is high...
Love is all, love is new,
love is all, love is you.
Because the sky is blue, it makes me cry
because the sky is blue...
jueves
Y te fuiste nomás. Ahí, a ayudarlos. ¿Para qué querés ayudarlos? Están todos enfermos, amor, están todos enfermos. Te van a contagiar, amor. Queremos estar juntos toda la vida, pero si seguís yendo a la ciudad te vas a contagiar, y listo. Sabés que se están muriendo todos. Sí, yo sé que usás barbijo y todo lo demás, todo lo demás que quieras. Pero yo pensé que teníamos un proyecto, ¿sabés? Y cada vez que te vas siento que estuvieras descuidando todo eso. Sabiendo la alta posibilidad de que algún día no vuelvas, ¿qué necesidad tenés de ir a meterte entre todos esos, a hacerte la salvadora? Ya no debés ni acordarte. Cuando éramos chicos tuviste una enfermedad grave, amor, en las vías respiratorias. Y sí, no sos la persona más fuerte para andar tratando con estas cosas. No, no, no, no me vengas con que como vos ya tuviste la enfermedad ahora no te va a hacer nada, porque la epidemia que hay en la ciudad no es como la varicela, que la tenés una vez y listo. Au contraire, a veces hasta te deja más predispuesto a volver a agarrártela, más como los resfríos.
No bajes otra vez, ¿si? Quedate conmigo... no necesitás bajar, no necesitás ir a ayudarlos. ¿Tan, tan feliz te hace verlos felices? ¿Tanto bien te hace poder ayudarlos, poder darles esa sonrisa de persona-que-salió-de-algo-muy-parecido, y aliviarles el dolor aunque sea por un rato, hacer que crean que van a poder salir?
La conocí el otro día. Vi como la estabas curando... cómo te pedía a gritos ahogados, porque ya se quedó sin voz, que te quedaras con ella. Vi como te miraba, hermosa ella y hermosa vos. Sí, sé que no la mirabas de la misma forma, pero ella quería que te quedaras solo para ella porque está empezando a pensar, a sentir, que vos sos la medicina, y no que se la traés. No sabe que es una medicina muy fácil de hacer... no sé bien por qué, pero a la gente de allá abajo les cuesta entender eso. Prefieren que vayan los médicos y se la lleven armada, y se la den en cuchara en la boca... y vos estás haciendo eso, amor.
Sí, yo sé que te gustaría más que ella aprendiera a armarla por si misma. Pero creo que ella no quiere creer que es capaz. No quiere creer que puede dejar de necesitarte, como yo en algun momento quería creer que siempre iba a necesitarte a mi lado. Hacerse cargo de que quiero que te quedes, y de que si te vas me duele y acepto que me duela y te dejo ir porque esa es tu decisión, es más difícil.
Andá, amor, bajá a verlos si eso es lo que te hace bien. Compré barbijos nuevos, para que podamos ir juntos si alguna vez querés llevarme. Yo quiero conocer tu mundo, quiero saber por qué te llaman tanto la atención, por qué querés cuidarlos tanto. Yo quiero saber con quién estás cuando no venís acá conmigo, donde sabés que estamos más seguros. Yo quiero saber por qué elegís cuidarlos, por qué elegís atenderlos a ellos que están enfermos, en lugar de elegir acercarte y compartir con personas sanas. Preferís ayudarlos a salir, insistís con ayudarlos a que sanen... y yo a veces siento que debería enfermarme, para poder estar allá y ver cómo sos cuando estás abajo.
Pero quizás yo ya te conocí abajo alguna vez, y por eso estoy acá arriba. Y por eso te espero a que termines de darles la medicina y decidas volver conmigo a dormir, a contarme cómo te fue, a cuidarme de nada y de peligros inventados que armé cuando todavía no llegabas, sólo porque nos gusta cuidarnos y no porque haya algo tan grave que curar, que nos impida besarnos sin barbijo.
No bajes otra vez, ¿si? Quedate conmigo... no necesitás bajar, no necesitás ir a ayudarlos. ¿Tan, tan feliz te hace verlos felices? ¿Tanto bien te hace poder ayudarlos, poder darles esa sonrisa de persona-que-salió-de-algo-muy-parecido, y aliviarles el dolor aunque sea por un rato, hacer que crean que van a poder salir?
La conocí el otro día. Vi como la estabas curando... cómo te pedía a gritos ahogados, porque ya se quedó sin voz, que te quedaras con ella. Vi como te miraba, hermosa ella y hermosa vos. Sí, sé que no la mirabas de la misma forma, pero ella quería que te quedaras solo para ella porque está empezando a pensar, a sentir, que vos sos la medicina, y no que se la traés. No sabe que es una medicina muy fácil de hacer... no sé bien por qué, pero a la gente de allá abajo les cuesta entender eso. Prefieren que vayan los médicos y se la lleven armada, y se la den en cuchara en la boca... y vos estás haciendo eso, amor.
Sí, yo sé que te gustaría más que ella aprendiera a armarla por si misma. Pero creo que ella no quiere creer que es capaz. No quiere creer que puede dejar de necesitarte, como yo en algun momento quería creer que siempre iba a necesitarte a mi lado. Hacerse cargo de que quiero que te quedes, y de que si te vas me duele y acepto que me duela y te dejo ir porque esa es tu decisión, es más difícil.
Andá, amor, bajá a verlos si eso es lo que te hace bien. Compré barbijos nuevos, para que podamos ir juntos si alguna vez querés llevarme. Yo quiero conocer tu mundo, quiero saber por qué te llaman tanto la atención, por qué querés cuidarlos tanto. Yo quiero saber con quién estás cuando no venís acá conmigo, donde sabés que estamos más seguros. Yo quiero saber por qué elegís cuidarlos, por qué elegís atenderlos a ellos que están enfermos, en lugar de elegir acercarte y compartir con personas sanas. Preferís ayudarlos a salir, insistís con ayudarlos a que sanen... y yo a veces siento que debería enfermarme, para poder estar allá y ver cómo sos cuando estás abajo.
Pero quizás yo ya te conocí abajo alguna vez, y por eso estoy acá arriba. Y por eso te espero a que termines de darles la medicina y decidas volver conmigo a dormir, a contarme cómo te fue, a cuidarme de nada y de peligros inventados que armé cuando todavía no llegabas, sólo porque nos gusta cuidarnos y no porque haya algo tan grave que curar, que nos impida besarnos sin barbijo.
sábado
Tomé tu dolor en tu abrazo, tu temor e inseguridad, esos que negabas. Tomé tu desesperación, tu angustia, tu necesidad de calma... irónica. Tu intranquilidad... también, extraña. Todo esto que vos tomabas con calma, y apaciguabas bajo tus aguas, todo eso que vos entendías con tiempo, con distancia, con silencio.
Dejé que bailaran mis aguas. Que arrastraran hasta la orilla los fragmentos de sonrisa, las lágrimas secas, las perlas de collares pesados que alguna vez porté. Dejé que tu calma afectara mi tormenta, y lloví por lo que no habíamos llovido durante todo este tiempo.
Después volvía la calma, las nubes alejándose... los pedazos de ilusión dispersos por quién sabe dónde... y sobre la arena se secaban nuestros cuerpos, vos reías, yo lloraba tu risa y dejaba que la sal cicatrizara mi piel.
Dejé que bailaran mis aguas. Que arrastraran hasta la orilla los fragmentos de sonrisa, las lágrimas secas, las perlas de collares pesados que alguna vez porté. Dejé que tu calma afectara mi tormenta, y lloví por lo que no habíamos llovido durante todo este tiempo.
Después volvía la calma, las nubes alejándose... los pedazos de ilusión dispersos por quién sabe dónde... y sobre la arena se secaban nuestros cuerpos, vos reías, yo lloraba tu risa y dejaba que la sal cicatrizara mi piel.
viernes
Qué se hace
con cariño gratis,
con besos
que no piden nada,
con brazos
que te abrazan fuerte
y no esperan
ni lágrimas?
Qué buscan
tus 'te amo tanto',
palabras
sin querer respuesta,
sonrisa
que me espera eterna
y no pide
que vuelva?
Qué le doy
a tu sinceridad,
no es jugar
a encandilarnos
a dónde corro
cuando caiga el arma
de mi mano
sin herirte?
Qué castigo
para la que huye
recibo
y no quiero tenerlo
pánico
y entera confianza
que no sabe
si confía.
Qué les digo
a tus miles de preguntas
a tus ojos
que me ven desnuda...
tus manos
sostienen mi dolor
y no piden
ni siquiera amor.
con cariño gratis,
con besos
que no piden nada,
con brazos
que te abrazan fuerte
y no esperan
ni lágrimas?
Qué buscan
tus 'te amo tanto',
palabras
sin querer respuesta,
sonrisa
que me espera eterna
y no pide
que vuelva?
Qué le doy
a tu sinceridad,
no es jugar
a encandilarnos
a dónde corro
cuando caiga el arma
de mi mano
sin herirte?
Qué castigo
para la que huye
recibo
y no quiero tenerlo
pánico
y entera confianza
que no sabe
si confía.
Qué les digo
a tus miles de preguntas
a tus ojos
que me ven desnuda...
tus manos
sostienen mi dolor
y no piden
ni siquiera amor.
Puedo ser
lo que quieras que sea.
Puedo ser
lo que creo que quieras que sea.
Puedo ser
muñeca.
Puedo ser
tu esclava
Puedo ser
tu espejo
Puedo ser
tu ama.
Puedo ser
tu niña
Puedo ser
frazada
Puedo ser
tu sombra
Puedo ser
tu nana.
Puedo ser
canciones,
Puedo ser
palabras
Puedo ser
tu actriz
Puedo ser
tu cama.
Puedo ser
río
Puedo ser
frío
Puedo ser
calma
Puedo ser
tu-ya.
Y no quiero.
(28-02-09)
lo que quieras que sea.
Puedo ser
lo que creo que quieras que sea.
Puedo ser
muñeca.
Puedo ser
tu esclava
Puedo ser
tu espejo
Puedo ser
tu ama.
Puedo ser
tu niña
Puedo ser
frazada
Puedo ser
tu sombra
Puedo ser
tu nana.
Puedo ser
canciones,
Puedo ser
palabras
Puedo ser
tu actriz
Puedo ser
tu cama.
Puedo ser
río
Puedo ser
frío
Puedo ser
calma
Puedo ser
tu-ya.
Y no quiero.
(28-02-09)
Y si el nuevo no tiene
nada de nuevo?
Si con hojas gastadas
biromes sin tinta
escribo palabras
que ya conocés?
Si quiero encontrarte
y esta vez no puedo?
Si a besos usados
nos mata el cansancio
y arranca pedazos
de lo que nunca fue?
Y si en vez de contarte
me visto otra vez?
Si con vodka yo fui
tu vicio, tu cama,
si no te perdí
pero tampoco hubo ganas...
Y si eligiera el silencio
como en aquel momento...
nada de nuevo?
Si con hojas gastadas
biromes sin tinta
escribo palabras
que ya conocés?
Si quiero encontrarte
y esta vez no puedo?
Si a besos usados
nos mata el cansancio
y arranca pedazos
de lo que nunca fue?
Y si en vez de contarte
me visto otra vez?
Si con vodka yo fui
tu vicio, tu cama,
si no te perdí
pero tampoco hubo ganas...
Y si eligiera el silencio
como en aquel momento...
jueves
Te pierdo
en distancias que sólo vos conocés.
Te tapa
la niebla de tu máscara anti-yo.
Mentís, borrás, desdecís,
te impregnás de palabras bonitas
que cuando te veo
no significan nada.
Te encuentro
en un espacio desierto de nosotros.
Me asfixia
la crudeza de tus fantasías.
Callás, enfriás, matás,
todo intento de alcanzar tu isla
tan distante
tan en frente.
Entonces prefiero olvidarte
abandonar tu existencia lejos
pensarte un monton de señales
que dicen nada.
Quizás te achiques, de golpe,
como queriendo esconderte
te aceptes lejos; y dejes
de inventarte cerca.
Dejes, cerca,
de empañar espejos
que reflejan tu otro vos.
Dejes, cerca,
de traer recuerdos
que me señalen quién sos.
en distancias que sólo vos conocés.
Te tapa
la niebla de tu máscara anti-yo.
Mentís, borrás, desdecís,
te impregnás de palabras bonitas
que cuando te veo
no significan nada.
Te encuentro
en un espacio desierto de nosotros.
Me asfixia
la crudeza de tus fantasías.
Callás, enfriás, matás,
todo intento de alcanzar tu isla
tan distante
tan en frente.
Entonces prefiero olvidarte
abandonar tu existencia lejos
pensarte un monton de señales
que dicen nada.
Quizás te achiques, de golpe,
como queriendo esconderte
te aceptes lejos; y dejes
de inventarte cerca.
Dejes, cerca,
de empañar espejos
que reflejan tu otro vos.
Dejes, cerca,
de traer recuerdos
que me señalen quién sos.
martes
Cayó la vida a mis espaldas
y pude ver como caían tus lágrimas
desde la ventana.
Lloraste por todo lo que no fue
y todos,
incluso los que no habían sido,
supieron reirse de vos.
Te extrañé esa tarde,
sosteniendo entre mis brazos tu cadáver
deseando tu recuerdo, cada vez más lejos.
[ escrito mientras dormía . ]
y pude ver como caían tus lágrimas
desde la ventana.
Lloraste por todo lo que no fue
y todos,
incluso los que no habían sido,
supieron reirse de vos.
Te extrañé esa tarde,
sosteniendo entre mis brazos tu cadáver
deseando tu recuerdo, cada vez más lejos.
[ escrito mientras dormía . ]
jueves
-Mirá pa, ¡es un animal! ¡Es un elefante!
-¿Dónde?
-¡Ahí! Mirá. Le falta una oreja, pero es un elefante.
-¿Vos decís? Bueno, supongo que podemos hacerle la oreja. ¿Todavía queda material de la construcción?
...
Logró alcanzar la velocidad suficiente para llegar hasta la roca, que caía por la pendiente irregular. La tomó con sus manos, la examinó, y alzándola comenzó a subir la ladera de la sierra. Una vez arriba la colocó en el lugar desde donde se había caído, y volvió a sentarse en al lado de la enorme figura. Estudió con atención la oreja derecha del elefante gris. 'Es perfecto, es una perfecta obra de la naturaleza.' se dijo. Y continuó observándolo un largo rato. Cómo su cabeza de piedra se unía a la trompa de rocas más chicas, y al cuerpo, una piedra enorme con algo de mica, que yacía en una parte plana del paisaje. La cola estaba constituida por piedras aún más pequeñas que las de la trompa, y las patas eran tres: la cuarta estaba, segun la observadora, debajo de la panza del elefante. Las demás estaban dispuestas de manera tal que daban al animal apariencia de cansado. Los ojos, había aventurado ella, eran dos manchas más oscuras -una verde y la otra marrón, pero su corta vista no alcanzaba a distinguir tal cosa, y si hubiera alcanzado tampoco importaba- que estaban dispuestas de forma casi paralela -una más arriba y una más abajo, pero desde donde ella estaba sentada eso no distorsionaba tanto la imagen- sobre la piedra que formaba la cabeza. Y después estaban las orejas. Una, la derecha, era un poco más chica y se había aventurado a correr cuesta abajo hacía aproximadamente una hora. Y ahora lo había hecho por segunda vez. En ambas oportunidades la observadora había alcanzado la piedra, la había tomado antes de que se mezclara con las otras, y la había vuelto a dejar en su lugar. En donde debía estar, claro... nadie había construido a ese elefante, o quizás sí pero nadie lo había construido después de que ella llegara así. Por lo tanto, así tenía que permanecer, para que ella pudiera observarlo, estudiarlo, entenderlo, interpretarlo. La oreja derecha se balanceó algunas veces, y tras un suspiro por parte de la chica, volvió a intentar descender por la sierra. Y lo logró, claro, hasta que alcanzó sus manos. 'No entendés.. tenés que quedarte ahí. La naturaleza quiere que estés ahí, y no entendés que no hay nada ahí abajo para vos. Que te corresponde estar acá.' Cansada llegó hasta el elefante y le devolvió su oreja. Y así cuatro, cinco, seis veces. Apuraba a sus pies para alcanzar la roca lo más pronto posible. Y estiraba las manos para evitar que fuera más allá, que se perdiera en el espacio, para no privar al elefante de su capacidad auditiva durante más tiempo. Y la atajaba, recibía un golpe por parte de la piedra que ella interpretaba como desobediencia. Le pegaba más fuerte. 'Me estás decepcionando así...- le decía, y volvía a explicarle cuál era su lugar, a dónde tenía que permanecer. A dónde era mejor que estuviera, a dónde era más útil, a dónde, por lo tanto, iba a ser más feliz. Por qué, si se quedaba al lado de la cabeza del elefante, iba a estar rodeada de otras como ella, que la iban a ayudar a ver más allá, a entender más. A estar mejor... a ser una roca como la gente, a estar donde estaban las demás rocas.
Por séptima vez la roca se balanceó y cayó, pero esta vez sus pies no fueron tan rápidos, y la roca llegó hasta otras rocas que estaban más allá, de otros tamaños y formas. Y se partió en varios pedazos. Sorprendida, ella se acercó y estudió las diversas partes. Palpó el material, lo tuvo entre sus dedos, lo desarmó... porque se desarmaba tan fácil, porque era tan distinto a lo que ella creía.
-No sos roca..- volvió su vista hacia el elefante, el elefante sin su oreja izquierda, incompleto, y lloró.
-¿Dónde?
-¡Ahí! Mirá. Le falta una oreja, pero es un elefante.
-¿Vos decís? Bueno, supongo que podemos hacerle la oreja. ¿Todavía queda material de la construcción?
...
Logró alcanzar la velocidad suficiente para llegar hasta la roca, que caía por la pendiente irregular. La tomó con sus manos, la examinó, y alzándola comenzó a subir la ladera de la sierra. Una vez arriba la colocó en el lugar desde donde se había caído, y volvió a sentarse en al lado de la enorme figura. Estudió con atención la oreja derecha del elefante gris. 'Es perfecto, es una perfecta obra de la naturaleza.' se dijo. Y continuó observándolo un largo rato. Cómo su cabeza de piedra se unía a la trompa de rocas más chicas, y al cuerpo, una piedra enorme con algo de mica, que yacía en una parte plana del paisaje. La cola estaba constituida por piedras aún más pequeñas que las de la trompa, y las patas eran tres: la cuarta estaba, segun la observadora, debajo de la panza del elefante. Las demás estaban dispuestas de manera tal que daban al animal apariencia de cansado. Los ojos, había aventurado ella, eran dos manchas más oscuras -una verde y la otra marrón, pero su corta vista no alcanzaba a distinguir tal cosa, y si hubiera alcanzado tampoco importaba- que estaban dispuestas de forma casi paralela -una más arriba y una más abajo, pero desde donde ella estaba sentada eso no distorsionaba tanto la imagen- sobre la piedra que formaba la cabeza. Y después estaban las orejas. Una, la derecha, era un poco más chica y se había aventurado a correr cuesta abajo hacía aproximadamente una hora. Y ahora lo había hecho por segunda vez. En ambas oportunidades la observadora había alcanzado la piedra, la había tomado antes de que se mezclara con las otras, y la había vuelto a dejar en su lugar. En donde debía estar, claro... nadie había construido a ese elefante, o quizás sí pero nadie lo había construido después de que ella llegara así. Por lo tanto, así tenía que permanecer, para que ella pudiera observarlo, estudiarlo, entenderlo, interpretarlo. La oreja derecha se balanceó algunas veces, y tras un suspiro por parte de la chica, volvió a intentar descender por la sierra. Y lo logró, claro, hasta que alcanzó sus manos. 'No entendés.. tenés que quedarte ahí. La naturaleza quiere que estés ahí, y no entendés que no hay nada ahí abajo para vos. Que te corresponde estar acá.' Cansada llegó hasta el elefante y le devolvió su oreja. Y así cuatro, cinco, seis veces. Apuraba a sus pies para alcanzar la roca lo más pronto posible. Y estiraba las manos para evitar que fuera más allá, que se perdiera en el espacio, para no privar al elefante de su capacidad auditiva durante más tiempo. Y la atajaba, recibía un golpe por parte de la piedra que ella interpretaba como desobediencia. Le pegaba más fuerte. 'Me estás decepcionando así...- le decía, y volvía a explicarle cuál era su lugar, a dónde tenía que permanecer. A dónde era mejor que estuviera, a dónde era más útil, a dónde, por lo tanto, iba a ser más feliz. Por qué, si se quedaba al lado de la cabeza del elefante, iba a estar rodeada de otras como ella, que la iban a ayudar a ver más allá, a entender más. A estar mejor... a ser una roca como la gente, a estar donde estaban las demás rocas.
Por séptima vez la roca se balanceó y cayó, pero esta vez sus pies no fueron tan rápidos, y la roca llegó hasta otras rocas que estaban más allá, de otros tamaños y formas. Y se partió en varios pedazos. Sorprendida, ella se acercó y estudió las diversas partes. Palpó el material, lo tuvo entre sus dedos, lo desarmó... porque se desarmaba tan fácil, porque era tan distinto a lo que ella creía.
-No sos roca..- volvió su vista hacia el elefante, el elefante sin su oreja izquierda, incompleto, y lloró.
martes
Te di, de brazos atados
mi alma,
mis besos,
mi cuerpo, a que te canses.
______________sacies.
______________gastes.
Busqué entre todas las palabras
cuchillas
armas,
venenos, para cortarte
__________esfumarte..
__________matarte.
Algo
___para frenar
___________la represa
__________________de sinceridades
_____________________________y suicidios
____________________________________consecutivos.
que
no
deja(ba)n
de
escaparse.
Confié mi pacto de silencio
fuera de obras de arte.
Confié mi alma a vos
extraño
desde el mismo primer día.
Confié en tu sangre,
en tu alegría
Creí tu magia y no la mía.
Rearmé pedazos de mi vida
en tu verdadmentira,
__tu realidadlocura
__tu libertáatadura.
Y para todo
me bastó tener
tu parecer.
Para todo conté
con tu silencio
y tu voluntad
de hacer silencio.
con tu consejo
de que rompiera
mi silencio.
¿Y habré, entre tantas veces
confiado una vez
en vos?
¿Habré, entre tantas veces
creido una vez
tu voz,
con que el peso
de mis días
no te carga
si decís que no?
con que el humo
de mi boca
no te asfixia
si decís que no?
con que no querés
cuando decís
que no?
mi alma,
mis besos,
mi cuerpo, a que te canses.
______________sacies.
______________gastes.
Busqué entre todas las palabras
cuchillas
armas,
venenos, para cortarte
__________esfumarte..
__________matarte.
Algo
___para frenar
___________la represa
__________________de sinceridades
_____________________________y suicidios
____________________________________consecutivos.
que
no
deja(ba)n
de
escaparse.
Confié mi pacto de silencio
fuera de obras de arte.
Confié mi alma a vos
extraño
desde el mismo primer día.
Confié en tu sangre,
en tu alegría
Creí tu magia y no la mía.
Rearmé pedazos de mi vida
en tu verdadmentira,
__tu realidadlocura
__tu libertáatadura.
Y para todo
me bastó tener
tu parecer.
Para todo conté
con tu silencio
y tu voluntad
de hacer silencio.
con tu consejo
de que rompiera
mi silencio.
¿Y habré, entre tantas veces
confiado una vez
en vos?
¿Habré, entre tantas veces
creido una vez
tu voz,
con que el peso
de mis días
no te carga
si decís que no?
con que el humo
de mi boca
no te asfixia
si decís que no?
con que no querés
cuando decís
que no?
Y juego
a que escucho tus palabras
a que entiendo en tu sonrisa
a que sé lo que sentís.
Temo
creer lo que supongo
no llegar a convencerme
de que estoy equivocada.
Reconocer
que antes de
buscar(te),
encontrar(te),
entender(te),
Es más facil
tu voz de
silencio
tu voz de
caricias.
Sentir tu piel
enredándose
con mi piel.
Y no temer
sentir.
Es más fácil
seguir teniendo palabras
seguir diciéndote mío
y conformarme.
Y juego
a que no temo lo que creo
a que creo que aguanto....
que puedo, que entiendo.
Acepto
que me faltan palabras
que me sobran latidos
que escucho en silencio
el silencio.
a que escucho tus palabras
a que entiendo en tu sonrisa
a que sé lo que sentís.
Temo
creer lo que supongo
no llegar a convencerme
de que estoy equivocada.
Reconocer
que antes de
buscar(te),
encontrar(te),
entender(te),
Es más facil
tu voz de
silencio
tu voz de
caricias.
Sentir tu piel
enredándose
con mi piel.
Y no temer
sentir.
Es más fácil
seguir teniendo palabras
seguir diciéndote mío
y conformarme.
Y juego
a que no temo lo que creo
a que creo que aguanto....
que puedo, que entiendo.
Acepto
que me faltan palabras
que me sobran latidos
que escucho en silencio
el silencio.
lunes
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Antes de que pudiera llegar a tocar el timbre ella bajó las escaleras y esperó detrás de la puerta. Vestía ropa de algodón, y aparentaba unos quince años. Al escuchar el sonido, abrió la puerta.
-Hola.
-Hola.. -dijo con voz baja, tímida.
-¿Qué nos pasa?
-Nada.. nada.
-Tranquila bonita... estoy acá, y me voy a quedar acá... estoy para vos.
Él la rodeó con sus brazos como siempre, la llenó de besos, le dio confianza. La sentó a su lado para escucharla, y le enseñó calmar su respiración. Y prometió que volvía al día siguiente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Él tuvo que golpear varias veces antes de que se abriera la puerta. Ella apareció en pijamas, despeinada, descalza.
-¿Dormías?
-Mhm.. pasá..
Él la siguió a través de los pasillos y ella volvió a la cama, abrazándose a un peluche. Él sonrió y le acarició la cabeza, generando que ella se enroscara sobre si misma y después se arrastrara hasta su falda, para quedar dormida sobre sus piernas.
-Qué tierna... me encanta verte así...
Dijo que tenía ganas de verla de nuevo al día siguiente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Esperaba detrás de la puerta antes de que él llegara. Y ni bien golpeó, pudo verla. Vestía ropa de cuero, cadenas, borcegos. Colgaban látigos de sus caderas, y sus uñas estaban pintadas con esmalte negro.
-Al fin.
Él levantó una ceja. No fue necesario decir nada más.
-¿Por qué hiciste eso?
Él bajó la cabeza, sin saber qué contestar, dolido.
-Contestame... -le insistió, rodeándolo.
Y él respondió con la voz quebrada. -...Perdón.
Dijo que necesitaba volver a verla... que haría lo imposible, que no volvería a fallarle.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Vestía de persona normal cuando la vio, y recordando la noche anterior, bajó la cabeza y la apoyó sobre su hombro. Ella le palmó la espalda, lo abrazó y lo recostó en el sillón.
-Tranquilo... no pasó nada...
-Tengo miedo.
-Va a estar todo bien... yo sé que vas a estar bien, que vamos a estar bien.
Lo abrazó y cuidó de él hasta la medianoche, y después lo acompañó hasta la casa, asegurándose de que entrara sano y salvo. Le dijo que lo esperaba, y le besó la frente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. No olvidó tirar la llave por la ventana... que cayó exactamente sobre su palma. Él entró, y al no haber nadie ascendió a la habitación. Lo esperaba vestida en lencería, y tuvieron sexo. No dijo nada sobre una próxima vez, pero dejó los forros.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Ese día fue otra persona normal. Escucharon música, se rieron, al rato finalmente se encontraron. No fue necesario que se dijeran nada, ni tampoco besarse, ni tener sexo. Simplemente se compartieron, y se fue, diciéndo que la había pasado bien y que se veían pronto.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario.
-¿Cómo hago?
-Sé paciente.
-Los quiero a todos.
-Él es todos.
-No al mismo tiempo. No pudo decirme nada cuando estabamos bien.
-No quiso decirte nada.
-Pero fue tan dulce la otra vez... cuando yo estaba tierna.
-Y la pasaste tan bien la otra vez, cuando estabas en lencería.
-Por eso... no puede ser todo eso a la vez? No puedo terminar de hacer el amor y que me digan que me aman?
-Sí claro... por supuesto... Solo tenes que encontrar el estado adecuado...
-¿Y si no soy capaz? Si no puedo generar la respuesta que quiero...
-Vas a tener que aceptar la respuesta que generás por naturaleza.
-¿Y si no me gusta lo que yo le genero, y prefiero quedarme con los disfraces?
Él golpeó bastante esta vez.
-Dale... sé que estás ahí. Abrime.
-No quiero.
-Esto es nuevo...
-No, no es nuevo. O bueno, sí. Pero podrías haberte dado cuenta.
-¿Estás con los látigos hoy?
-No...
-¿Y a quién voy a ver?
-No.... no sé si....
-¿Qué pasa bonita?
-No sé qué pasa. Ojalá que por lo menos siga pasando. No sé. No entiendo. Tengo miedo.
-Te voy a abrazar entonces... sabés que quiero cuidarte...
-No pero me abrazás si estoy tierna o dolida, y hoy no estoy tierna ni dolida, estoy asustada.
-También puedo abrazarte asustada. ¿Qué pasa?
-No... a vos, qué te pasa.
-Sabés lo que me pasa.
-No... lo supe... cada vez que reaccionaste distinto...
-Tenés miedo de cómo vaya a reaccionar.
-No. -dijo, y miró su propio cuerpo desnudo detrás de la puerta, mientras trataba de darse a entender.- Tengo miedo de lo que puedo hacerte. De que dejes de elegirme después. Tengo miedo de encontrarme con que prefiero ser solo de ciertas formas para no generarte ciertas cosas... y de sentir que estoy sacándome pedazos de mi misma. Tengo miedo de que algo de mi te asuste, te aleje... te aísle. Te limite, te perturbe, te moleste. Te encante y no quieras desperenderte de eso, pero yo sigo siendo lo demás y no voy a querer dejar de serlo. Tengo miedo de que te pase lo que siempre me pasa a mi... condeno a la gente a ser de ciertas formas porque mis reacciones cambian ante lo que me muestran... y a veces no puedo controlar que cambien desfavorablemente, y que aleje a las personas... Temo que algún día me olvide de todo esto, y me ponga los disfraces otra vez, y me limite a un número finito de variables que pueda presentarte, o peor, me limite solo a las variables que dijiste que te encantan. Tengo miedo de decidir ser lo que me salga, y que no me guste tu respuesta, y entonces decida dejar de ser eso, así como si pudiera, además de cambiarme la ropa, cambiarme la piel. Tengo miedo de que ya te hayas dormido, que te hayas enojado, que me digas que finalmente nunca vas a conocerme... Yo sé que no es así... Yo... espero... que no sea así, que no te hayas ido. Que no confundas a esta con la niña dolida, ni la niña triste... que no creas que esto es otro difraz más... Y que no lo sea. Miedo de que con tantos miedos me olvide que estás ahí, atrás de la puerta, esperando a que te deje entrar.
-Hola.
-Hola.. -dijo con voz baja, tímida.
-¿Qué nos pasa?
-Nada.. nada.
-Tranquila bonita... estoy acá, y me voy a quedar acá... estoy para vos.
Él la rodeó con sus brazos como siempre, la llenó de besos, le dio confianza. La sentó a su lado para escucharla, y le enseñó calmar su respiración. Y prometió que volvía al día siguiente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Él tuvo que golpear varias veces antes de que se abriera la puerta. Ella apareció en pijamas, despeinada, descalza.
-¿Dormías?
-Mhm.. pasá..
Él la siguió a través de los pasillos y ella volvió a la cama, abrazándose a un peluche. Él sonrió y le acarició la cabeza, generando que ella se enroscara sobre si misma y después se arrastrara hasta su falda, para quedar dormida sobre sus piernas.
-Qué tierna... me encanta verte así...
Dijo que tenía ganas de verla de nuevo al día siguiente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Esperaba detrás de la puerta antes de que él llegara. Y ni bien golpeó, pudo verla. Vestía ropa de cuero, cadenas, borcegos. Colgaban látigos de sus caderas, y sus uñas estaban pintadas con esmalte negro.
-Al fin.
Él levantó una ceja. No fue necesario decir nada más.
-¿Por qué hiciste eso?
Él bajó la cabeza, sin saber qué contestar, dolido.
-Contestame... -le insistió, rodeándolo.
Y él respondió con la voz quebrada. -...Perdón.
Dijo que necesitaba volver a verla... que haría lo imposible, que no volvería a fallarle.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Vestía de persona normal cuando la vio, y recordando la noche anterior, bajó la cabeza y la apoyó sobre su hombro. Ella le palmó la espalda, lo abrazó y lo recostó en el sillón.
-Tranquilo... no pasó nada...
-Tengo miedo.
-Va a estar todo bien... yo sé que vas a estar bien, que vamos a estar bien.
Lo abrazó y cuidó de él hasta la medianoche, y después lo acompañó hasta la casa, asegurándose de que entrara sano y salvo. Le dijo que lo esperaba, y le besó la frente.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. No olvidó tirar la llave por la ventana... que cayó exactamente sobre su palma. Él entró, y al no haber nadie ascendió a la habitación. Lo esperaba vestida en lencería, y tuvieron sexo. No dijo nada sobre una próxima vez, pero dejó los forros.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario. Ese día fue otra persona normal. Escucharon música, se rieron, al rato finalmente se encontraron. No fue necesario que se dijeran nada, ni tampoco besarse, ni tener sexo. Simplemente se compartieron, y se fue, diciéndo que la había pasado bien y que se veían pronto.
Observándolo llegar desde el primer piso, dio media vuelta y se enfrentó a su armario.
-¿Cómo hago?
-Sé paciente.
-Los quiero a todos.
-Él es todos.
-No al mismo tiempo. No pudo decirme nada cuando estabamos bien.
-No quiso decirte nada.
-Pero fue tan dulce la otra vez... cuando yo estaba tierna.
-Y la pasaste tan bien la otra vez, cuando estabas en lencería.
-Por eso... no puede ser todo eso a la vez? No puedo terminar de hacer el amor y que me digan que me aman?
-Sí claro... por supuesto... Solo tenes que encontrar el estado adecuado...
-¿Y si no soy capaz? Si no puedo generar la respuesta que quiero...
-Vas a tener que aceptar la respuesta que generás por naturaleza.
-¿Y si no me gusta lo que yo le genero, y prefiero quedarme con los disfraces?
Él golpeó bastante esta vez.
-Dale... sé que estás ahí. Abrime.
-No quiero.
-Esto es nuevo...
-No, no es nuevo. O bueno, sí. Pero podrías haberte dado cuenta.
-¿Estás con los látigos hoy?
-No...
-¿Y a quién voy a ver?
-No.... no sé si....
-¿Qué pasa bonita?
-No sé qué pasa. Ojalá que por lo menos siga pasando. No sé. No entiendo. Tengo miedo.
-Te voy a abrazar entonces... sabés que quiero cuidarte...
-No pero me abrazás si estoy tierna o dolida, y hoy no estoy tierna ni dolida, estoy asustada.
-También puedo abrazarte asustada. ¿Qué pasa?
-No... a vos, qué te pasa.
-Sabés lo que me pasa.
-No... lo supe... cada vez que reaccionaste distinto...
-Tenés miedo de cómo vaya a reaccionar.
-No. -dijo, y miró su propio cuerpo desnudo detrás de la puerta, mientras trataba de darse a entender.- Tengo miedo de lo que puedo hacerte. De que dejes de elegirme después. Tengo miedo de encontrarme con que prefiero ser solo de ciertas formas para no generarte ciertas cosas... y de sentir que estoy sacándome pedazos de mi misma. Tengo miedo de que algo de mi te asuste, te aleje... te aísle. Te limite, te perturbe, te moleste. Te encante y no quieras desperenderte de eso, pero yo sigo siendo lo demás y no voy a querer dejar de serlo. Tengo miedo de que te pase lo que siempre me pasa a mi... condeno a la gente a ser de ciertas formas porque mis reacciones cambian ante lo que me muestran... y a veces no puedo controlar que cambien desfavorablemente, y que aleje a las personas... Temo que algún día me olvide de todo esto, y me ponga los disfraces otra vez, y me limite a un número finito de variables que pueda presentarte, o peor, me limite solo a las variables que dijiste que te encantan. Tengo miedo de decidir ser lo que me salga, y que no me guste tu respuesta, y entonces decida dejar de ser eso, así como si pudiera, además de cambiarme la ropa, cambiarme la piel. Tengo miedo de que ya te hayas dormido, que te hayas enojado, que me digas que finalmente nunca vas a conocerme... Yo sé que no es así... Yo... espero... que no sea así, que no te hayas ido. Que no confundas a esta con la niña dolida, ni la niña triste... que no creas que esto es otro difraz más... Y que no lo sea. Miedo de que con tantos miedos me olvide que estás ahí, atrás de la puerta, esperando a que te deje entrar.
A veces me siento fuerte...
Y es donde más cuesta superarlo. Superar esa gana de mentira de borrar todo y mandarlos a todos a la mierda... esa necesidad de aislarme que sé... que estoy segura, que se va a ir, que es totalmente momentánea... y que después de todo responde a simples cosas que pasan, que como son cosas que pasan, en algún momento van a pasar.
Todas las marcas que están en mi piel responden a heridas que yo decidí buscar.
De lo contrario, no hubiera estado en ese lugar en el momento en que se produjeron.
O hubiera buscado la forma de que no se produjeran.
O hubiera usado piedra pómex.
Pero no hay... [no sé qué tan lamentablemente, porque después de todo... si te quemás y no te queda marca porque usaste la milagrosa piedra no sé de qué te puede haber servido quemarte] no hay piedra pómex de la vida. No hay 'borrar huellas del pasado', no hay forma de borrar la expresión, de hacer que una persona deje de ser lo que es.
-Y si no quisieras ser quien sos?
-(Y a vos quién carajo te manda a preguntar...) Sería simplemente algo más que te define... quien usa piedra pomex, en lugar de tener las marcas visibles de una quemadura, tiene las marcas invisibles de una piedrapomexada.
-Entonces, no superás las cosas?
-No las elimino. Las hago parte de mi... las acepto como parte mía, mejor dicho. Son parte de mi desde el preci(o)so momento en el que decido exponerme a ellas... a la posibilidad de que existan.
-Y si no te gusta como quedan?
-Aceptaré... con más o menos tiempo... que me equivoqué y no era por ese lado por donde quería buscar... aprender.
Para borrar el pasado.. es necesario dejar de ser lo que uno es en el presente. Para dejar de serlo, uno simplemente tiene que dejar de ser. Y ni siquiera así se borra lo que hicimos... sólo la forma en la que nosotros lo vivimos.
El hecho de que yo me encuentre acá, escribiendo esto a las 2:37:59 del 28 de diciembre de 2009, se lo debo a absolutamente todas las personas que conocí y que no conocí, que conozco y que no conozco, que conoceré y que no conoceré. Y el hecho de que yo lo esté escribiendo también. Richard podría venir y decirme que se lo debo más a él que a cualquier otra persona, y así podría venir quien me lo presentó y decirme que en realidad se lo debo a él. Podría venir la madre (god hopes not) de quien me lo presentó y decirme que si hubiera abortado o no criado a su hijo de cierta manera, nunca lo hubiera conocido y nunca me hubiera presentado a Richard. Podría venir el padre y decirme que si justo ese día no, el pibe nunca nacía. Podrían venir tantos... tantos... y sin embargo, ¿a quién le debo más? ¿A Richard, que fue el último... o al criador de peces que le vendió el pez del cual se alimentó el tatarabuelo del padre de quien me presentó a Richard?
Y es donde más cuesta superarlo. Superar esa gana de mentira de borrar todo y mandarlos a todos a la mierda... esa necesidad de aislarme que sé... que estoy segura, que se va a ir, que es totalmente momentánea... y que después de todo responde a simples cosas que pasan, que como son cosas que pasan, en algún momento van a pasar.
Todas las marcas que están en mi piel responden a heridas que yo decidí buscar.
De lo contrario, no hubiera estado en ese lugar en el momento en que se produjeron.
O hubiera buscado la forma de que no se produjeran.
O hubiera usado piedra pómex.
Pero no hay... [no sé qué tan lamentablemente, porque después de todo... si te quemás y no te queda marca porque usaste la milagrosa piedra no sé de qué te puede haber servido quemarte] no hay piedra pómex de la vida. No hay 'borrar huellas del pasado', no hay forma de borrar la expresión, de hacer que una persona deje de ser lo que es.
-Y si no quisieras ser quien sos?
-(Y a vos quién carajo te manda a preguntar...) Sería simplemente algo más que te define... quien usa piedra pomex, en lugar de tener las marcas visibles de una quemadura, tiene las marcas invisibles de una piedrapomexada.
-Entonces, no superás las cosas?
-No las elimino. Las hago parte de mi... las acepto como parte mía, mejor dicho. Son parte de mi desde el preci(o)so momento en el que decido exponerme a ellas... a la posibilidad de que existan.
-Y si no te gusta como quedan?
-Aceptaré... con más o menos tiempo... que me equivoqué y no era por ese lado por donde quería buscar... aprender.
Para borrar el pasado.. es necesario dejar de ser lo que uno es en el presente. Para dejar de serlo, uno simplemente tiene que dejar de ser. Y ni siquiera así se borra lo que hicimos... sólo la forma en la que nosotros lo vivimos.
El hecho de que yo me encuentre acá, escribiendo esto a las 2:37:59 del 28 de diciembre de 2009, se lo debo a absolutamente todas las personas que conocí y que no conocí, que conozco y que no conozco, que conoceré y que no conoceré. Y el hecho de que yo lo esté escribiendo también. Richard podría venir y decirme que se lo debo más a él que a cualquier otra persona, y así podría venir quien me lo presentó y decirme que en realidad se lo debo a él. Podría venir la madre (god hopes not) de quien me lo presentó y decirme que si hubiera abortado o no criado a su hijo de cierta manera, nunca lo hubiera conocido y nunca me hubiera presentado a Richard. Podría venir el padre y decirme que si justo ese día no, el pibe nunca nacía. Podrían venir tantos... tantos... y sin embargo, ¿a quién le debo más? ¿A Richard, que fue el último... o al criador de peces que le vendió el pez del cual se alimentó el tatarabuelo del padre de quien me presentó a Richard?
domingo
Ni faltaba tinta, ni faltaba tiempo. Las pilas de hojas seguían intactas: a su derecha las hojas en blanco; a la izquierda hablaban sobre la vida, sobre amores, sobre lágrimas, hablaban sobre las palabras mismas. Ideas había de sobra... todas terminaban en estado similar al de sus heridas, y después nadie venía por ellas, nadie se hacía cargo de salvarles la vida o enterrar sus cadáveres. Entre las ideas descansaba la autora. No dormía, no podía dormir. Sus manos, quietas, se apoyaban en la lapicera y en la hoja número ciento ochenta y cuatro con el mismo título que la ciento ochenta y tres: "El Mudo". Las cuatro hojas anteriores eran bollos en el suelo con títulos similares, y lo único que interrumpía la respiración de la joven era el quejido de alguna de estas ideas descartadas que gritaba desde abajo. La música ya no era suficiente tampoco -se había llevado las pocas pinceladas que le quedaban sin probar, y ahora quería seguir quitándole vida sin darle nada a cambio, ni inspiración. Ella se concentró en escuchar sus latidos, pero el recuerdo que traían calló a las intrépidas dos o tres palabras que se le acercaron a la boca, y de la boca a la mano. Buscó en el recuerdo, pero lo encontró en las hojas que ya estaban escritas.
Entonces se dejó vaciar de todo aquello que pudiera ser dicho, y se quedó con uno... o más bien, parte de una de las sensaciones que la atormentaba, que la envolvía, que la llenaba de lágrimas y de luz. Casi no podía verlo. El todo se presentaba imperceptible a la vista, y sin embargo conociendo su existencia podía vérselo con claridad. No había un solo sonido excepto por los latidos propios... y ajenos, de alguien que latía a no mucha distancia. Se encontró indefensa ante abismal peligro, que no sólo había pasado desapercibido, sino que habitaba dentro de ella y al cual ella le había abierto la puerta. En su silencio y oscuridad, aislada de todas las demás sensaciones y todos los demás estímulos se dejó guiar por el Extraño. Éste la condujo a través de pasillos complejísimos y perfectamente simétricos... así, durante horas, durante minutos en los que el tiempo no se hacía sentir y ella creía cada vez más que todavía no habían partido. Miraba a ambos lados: era todo lo mismo y a la vez no había una sola repetición. La rodeaba la sensación indescriptible, la mezcla de peligro y ternura, la paz de la tormenta y los truenos de la calma. Quería llenarse de él, quería que no se fuera nunca... pero a la vez, -y siempre 'a la vez', porque el Extraño no dejaba de tener contradicciones que la fascinaban- quería ser capaz de inmovilizarlo en el suelo, mirar en sus ojos y empezar a decir, y que él le hablara y le dijera, en lugar de adormecerla con su silencio de todopoderoso. Quería que volvieran las otras sensaciones, esas sensaciones fáciles de las que podía decir lo que quisiera, fuera cierto o no, y que con sólo repetir las palabras de su descripción volvieran a ella. Pero si volvían todas esas otras, entonces el Extraño iba a volver a pasar desapercibido, a hacerse transparente como lo había sido siempre y confundir su silencio con el silencio de fondo, como lo había estado haciendo, como a ella le molestaba y la enamoraba; como si él fuera poco, y aún así llenando cada segundo con su omnipotencia.
Ella siempre supo cómo manejar las cosas: en cuanto el miedo la invadía, escribía sobre el miedo y aquel que hubiera sido su detonante. Cuando lloraba alegría escribía sobre las cosas bellas, cuando se desarmaba en lágrimas escribía sobre el dolor. Pero el Extraño la llenaba de todas esas cosas, y a la vez no se parecía a ninguna. En su perfecto patrón de curvas, rectas y dimensiones inexistentes él la llevaba por rincones asimétricos, le mostraba sinsentidos, y escenarios conocidos con los cuales ella aún se sorprendía.
Llegó el segundo en que el Extraño se detuvo y dio media vuelta, adivinando que ella tenía mucho que preguntar. Con ojos inquisidores se la quedó mirando... y sin embargo esos mismos ojos no pedían nada, nada más contemplaban a la joven que, descolocada, esperó.
Después de lo que pareció un instante y podrían haber sido treinta días, ella quebró el silencio y le preguntó por su origen.
Reanudando la marcha la dirigió hasta el centro del laberinto, donde llovían pétalos de alguna flor desconocida para su mundo. Sintió una punzada en el pecho, un dolor bellísimo. Sabiéndose intrusa, volvió a preguntar. Cada vez que abría los labios sentía que era incorrecto, imprudente romper tal perfección, tal balance entre la paz y la tensión, con una palabra.
Esta vez el Extraño no se movió lejos. Simplemente caminó unos metros hasta donde ella estaba y estiró una mano blanca, transparente. El roce con su mejilla le quemaba, al contrario del frío que ella le hubiera atribuido a tal exactitud. Ice stays unchanged.
Por primera vez se separaron los labios de ese único punto latiendo que quedaba dentro de sí. Los ojos de la joven descendieron hasta donde esperaba encontrar las palabras, aquellas que había estado buscando con tantas ansias, aquello único que le faltaba en la silenciosa habitación de la que provenía. Porque si no tenía palabras, ¿con qué iba a rellenar las hojas? Si no tenía palabras, ¿cómo recordar sus sonrisas, su llanto? ¿Cómo volver a ese paraíso, cómo volver a dejarse llevar por tal belleza y contradictoria perfección, cómo encontrar de nuevo la desesperación y el tiempo exactos, si no tenía palabras para guardarlos?
Sintió otra punzada en su pecho, esta vez aún más fuerte. Sintió un par de labios recorriendo su cuerpo, el aire húmedo acariciando su piel. Cerró los ojos para poder soportarlo... la invadía, se sentía tan ínfima y a la vez tan dichosa. Sus párpados se despegaron al tiempo en que el sonido se formó en los labios del Extraño. Él parpadeó muy despacio, y las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa.
-Shhh.
Las palabras nunca llegaron. Ella, descolocada, sentía como su respiración iba en aumento y los latidos se hacían cada vez más rápidos. Volvía a estar en su habitación, había salido del laberinto y no había podido escuchar la voz del Extraño. El lápiz aún descansaba en su mano derecha, y bajo la izquierda se encontraba la hoja en blanco.
Bajó la vista y se concentró en donde había sentido las punzadas. Vestigios del dolor seguían ahí.
Podía sentir sus propios latidos golpeándola, y se imaginaba recorriendo el laberinto interminable, en el cual todas las puertas conducían a la salida, pero la voluntad nunca terminaba de decidir si quedarse o escapar.
Había dejado mucho de sí ahí dentro, y no se había traido nada. Ni siquiera palabras.
Entendía que quizás nunca había habido palabras.
Entonces se dejó vaciar de todo aquello que pudiera ser dicho, y se quedó con uno... o más bien, parte de una de las sensaciones que la atormentaba, que la envolvía, que la llenaba de lágrimas y de luz. Casi no podía verlo. El todo se presentaba imperceptible a la vista, y sin embargo conociendo su existencia podía vérselo con claridad. No había un solo sonido excepto por los latidos propios... y ajenos, de alguien que latía a no mucha distancia. Se encontró indefensa ante abismal peligro, que no sólo había pasado desapercibido, sino que habitaba dentro de ella y al cual ella le había abierto la puerta. En su silencio y oscuridad, aislada de todas las demás sensaciones y todos los demás estímulos se dejó guiar por el Extraño. Éste la condujo a través de pasillos complejísimos y perfectamente simétricos... así, durante horas, durante minutos en los que el tiempo no se hacía sentir y ella creía cada vez más que todavía no habían partido. Miraba a ambos lados: era todo lo mismo y a la vez no había una sola repetición. La rodeaba la sensación indescriptible, la mezcla de peligro y ternura, la paz de la tormenta y los truenos de la calma. Quería llenarse de él, quería que no se fuera nunca... pero a la vez, -y siempre 'a la vez', porque el Extraño no dejaba de tener contradicciones que la fascinaban- quería ser capaz de inmovilizarlo en el suelo, mirar en sus ojos y empezar a decir, y que él le hablara y le dijera, en lugar de adormecerla con su silencio de todopoderoso. Quería que volvieran las otras sensaciones, esas sensaciones fáciles de las que podía decir lo que quisiera, fuera cierto o no, y que con sólo repetir las palabras de su descripción volvieran a ella. Pero si volvían todas esas otras, entonces el Extraño iba a volver a pasar desapercibido, a hacerse transparente como lo había sido siempre y confundir su silencio con el silencio de fondo, como lo había estado haciendo, como a ella le molestaba y la enamoraba; como si él fuera poco, y aún así llenando cada segundo con su omnipotencia.
Ella siempre supo cómo manejar las cosas: en cuanto el miedo la invadía, escribía sobre el miedo y aquel que hubiera sido su detonante. Cuando lloraba alegría escribía sobre las cosas bellas, cuando se desarmaba en lágrimas escribía sobre el dolor. Pero el Extraño la llenaba de todas esas cosas, y a la vez no se parecía a ninguna. En su perfecto patrón de curvas, rectas y dimensiones inexistentes él la llevaba por rincones asimétricos, le mostraba sinsentidos, y escenarios conocidos con los cuales ella aún se sorprendía.
Llegó el segundo en que el Extraño se detuvo y dio media vuelta, adivinando que ella tenía mucho que preguntar. Con ojos inquisidores se la quedó mirando... y sin embargo esos mismos ojos no pedían nada, nada más contemplaban a la joven que, descolocada, esperó.
Después de lo que pareció un instante y podrían haber sido treinta días, ella quebró el silencio y le preguntó por su origen.
Reanudando la marcha la dirigió hasta el centro del laberinto, donde llovían pétalos de alguna flor desconocida para su mundo. Sintió una punzada en el pecho, un dolor bellísimo. Sabiéndose intrusa, volvió a preguntar. Cada vez que abría los labios sentía que era incorrecto, imprudente romper tal perfección, tal balance entre la paz y la tensión, con una palabra.
Esta vez el Extraño no se movió lejos. Simplemente caminó unos metros hasta donde ella estaba y estiró una mano blanca, transparente. El roce con su mejilla le quemaba, al contrario del frío que ella le hubiera atribuido a tal exactitud. Ice stays unchanged.
Por primera vez se separaron los labios de ese único punto latiendo que quedaba dentro de sí. Los ojos de la joven descendieron hasta donde esperaba encontrar las palabras, aquellas que había estado buscando con tantas ansias, aquello único que le faltaba en la silenciosa habitación de la que provenía. Porque si no tenía palabras, ¿con qué iba a rellenar las hojas? Si no tenía palabras, ¿cómo recordar sus sonrisas, su llanto? ¿Cómo volver a ese paraíso, cómo volver a dejarse llevar por tal belleza y contradictoria perfección, cómo encontrar de nuevo la desesperación y el tiempo exactos, si no tenía palabras para guardarlos?
Sintió otra punzada en su pecho, esta vez aún más fuerte. Sintió un par de labios recorriendo su cuerpo, el aire húmedo acariciando su piel. Cerró los ojos para poder soportarlo... la invadía, se sentía tan ínfima y a la vez tan dichosa. Sus párpados se despegaron al tiempo en que el sonido se formó en los labios del Extraño. Él parpadeó muy despacio, y las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa.
-Shhh.
Las palabras nunca llegaron. Ella, descolocada, sentía como su respiración iba en aumento y los latidos se hacían cada vez más rápidos. Volvía a estar en su habitación, había salido del laberinto y no había podido escuchar la voz del Extraño. El lápiz aún descansaba en su mano derecha, y bajo la izquierda se encontraba la hoja en blanco.
Bajó la vista y se concentró en donde había sentido las punzadas. Vestigios del dolor seguían ahí.
Podía sentir sus propios latidos golpeándola, y se imaginaba recorriendo el laberinto interminable, en el cual todas las puertas conducían a la salida, pero la voluntad nunca terminaba de decidir si quedarse o escapar.
Había dejado mucho de sí ahí dentro, y no se había traido nada. Ni siquiera palabras.
Entendía que quizás nunca había habido palabras.
miércoles
En cambio ella... ella callaba, callaba todo. No por miedo, ni por orgullo, aunque fuera de las más orgullosas. Se negaba a moverse de aquel sitio, se negaba a bajar la vista por un segundo, se negaba a encontrar los ojos que le pedían al menos una palabra... al menos una mirada... al menos algo que no fuera indiferencia, que a él lo venía matando desde siempre.
A sus silencios los interpretaba la Otra, los desarmaba, los dividía, analizaba, desparramaba por sobre la mesa, los organizaba de manera distinta, le buscaba mil explicaciones. Era de las tareas que más la fascinaban: deshacer y rehacer situaciones, escuchar una y mil veces las mismas historias para agregarle detalles y convertirlas en una historia distinta cada vez. Para que incluso fueran contradictorias entre sí, para que se llenaran de vicios y resultaran frías y superficiales, o para que se abrigaran unas a las otras y hicieran que de los ojos mismos de la autora brotaran lágrimas.
Todo para que después, cuando las palabras estuvieran listas, gritarlas o susurrarlas al oído de alguien, al oído de él si era posible. Quizás era el unico momento en que él aceptaba su hombro, dejaba que su respiración lo delate y que ella secara su llanto. Porque durante el resto del tiempo, él también sabía ser todo silencio.
Se retorcía por una como por la otra. Los silencios lo alejaban, los silencios le impedían acercarse y entenderla, le prohibían formar parte de ellos... ella se quedaba con una representación muchas veces equivocada de lo que él sentía, y no aceptaba explicación alguna. Si al menos de alguna forma ella le decía que estaba bien, que él le hacía bien.
Aún así, cuando conoció a la Otra, las palabras lo llevaban por un camino largo y con sentido aparente, pero después lo traían de vuelta para conducirlo por otro, y así, la Otra nunca se cansaba de inventar razones, de encontrar motivos, de descubrir relaciones entre los sentimientos del ahora y los que aquella había tenido en su tiempo, y los que por aquella él, y los que por él ella...
A veces hasta se sentía mejor que la Otra también eligiera el silencio... pero entonces la Otra se percataba de ello, y entonces también elegía la distancia.
A sus silencios los interpretaba la Otra, los desarmaba, los dividía, analizaba, desparramaba por sobre la mesa, los organizaba de manera distinta, le buscaba mil explicaciones. Era de las tareas que más la fascinaban: deshacer y rehacer situaciones, escuchar una y mil veces las mismas historias para agregarle detalles y convertirlas en una historia distinta cada vez. Para que incluso fueran contradictorias entre sí, para que se llenaran de vicios y resultaran frías y superficiales, o para que se abrigaran unas a las otras y hicieran que de los ojos mismos de la autora brotaran lágrimas.
Todo para que después, cuando las palabras estuvieran listas, gritarlas o susurrarlas al oído de alguien, al oído de él si era posible. Quizás era el unico momento en que él aceptaba su hombro, dejaba que su respiración lo delate y que ella secara su llanto. Porque durante el resto del tiempo, él también sabía ser todo silencio.
Se retorcía por una como por la otra. Los silencios lo alejaban, los silencios le impedían acercarse y entenderla, le prohibían formar parte de ellos... ella se quedaba con una representación muchas veces equivocada de lo que él sentía, y no aceptaba explicación alguna. Si al menos de alguna forma ella le decía que estaba bien, que él le hacía bien.
Aún así, cuando conoció a la Otra, las palabras lo llevaban por un camino largo y con sentido aparente, pero después lo traían de vuelta para conducirlo por otro, y así, la Otra nunca se cansaba de inventar razones, de encontrar motivos, de descubrir relaciones entre los sentimientos del ahora y los que aquella había tenido en su tiempo, y los que por aquella él, y los que por él ella...
A veces hasta se sentía mejor que la Otra también eligiera el silencio... pero entonces la Otra se percataba de ello, y entonces también elegía la distancia.
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